LA GUERRA INVISIBLE CONTRA “LA MARA SALVATRUCHA” UN GRAVE PROBLEMA QUE NADIE HABLA

 

Mara-Salvatrucha

“Hemos mandado a miles y miles y miles de esa gente horrible de la MS-13 fuera del país o a nuestras prisiones”, aseguró el presidente, Donald Trump, en su discurso del estado de la nación hace un par de semanas.

En realidad, tal vez en lugar de miles y miles y miles sean en realidad cientos y cientos y cientos, hasta sumar más de un millar en 2017, según el fiscal general, Jeff Sessions.

Pero, sumados a los detenidos en años anteriores, son suficientes como para haber provocado una guerra invisible en las cárceles estadounidenses, donde la Mara Salvatrucha batalla, como antes hacía en las calles, contra otras pandillas, y trata de controlar a los presos hispanos que no pertenecen a ninguna, según reporta el diario The Washington Post.

La MS-13 se formó en Los Ángeles en los años 80 entre salvadoreños huidos de la guerra civil en ese país. Cuenta con alrededor de 30.000 miembros en todo el mundo (fundamentalmente, en Centroamérica), de los que 10.000 viven en Estados Unidos, sobre todo en Nueva York, Los Ángeles y Washington DC. Su lema es “matar, violar, controlar”. Es una pandilla brutal, que exhibe una violencia fuera de lo común incluso para estos grupos.

El Departamento de Seguridad Nacional detuvo el pasado año fiscal (de octubre de 2016 a septiembre de 2017) a 4.818 personas supuestamente relacionadas con pandillas, de las que 796 estaban presuntamente  vinculadas a la MS-13. Según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés), desde el año 2005 se han producido más de 65.000 arrestos vinculados a pandillas, de los que 8.100 corresponden a la MS-13.

En la cárcel de Prince George (en Maryland, a las afueras de Washington DC), las autoridades empezaron a notar ese aumento de presos de la MS-13 hace cinco años, según informa The Washington Post. La pandilla ganó fuerza, y empezó a exigir un pago al resto de reos, en especial a los hispanos, supuestamente a cambio de protección. “Controlan a la población hispana”, asegura un investigador citado por el diario, “les obligan a pagar un alquiler, como en las calles, les obligan a hacer ejercicio, a unirse a sus peleas”.

El pasado 5 de mayo, de los 900 presos en esa cárcel, unos 50 eran de la MS-13. Fue entonces cuando un miembro de una pandilla rival, los Bloods, fue apuñalado en la cabeza y el cuerpo por dos presos de la MS-13. “Están rivalizando por controlar las celdas”, asegura el citado investigador. Y cada vez hay más peleas.

“La MS-13 supone un reto único no sólo para el sistema de justicia criminal sino también para el sistema de prisiones”, asegura al citado diario Robert Green, al frente del sistema correccional del condado de Montgomery, en Maryland. “Los altercados de bandas han aumentado significativamente” en el último año, explica, después de que la población reclusa del MS-13 haya crecido allí un 20%.

En algunas cárceles, se han producido revueltas contra los pandilleros de la MS-13, que han llegado a ser atacados. El pasado noviembre, la presencia de esta banda en la cárcel de Prince George había bajado a 23, una mujer incluida; la mitad estaban allí por asesinato.